martes, 20 de marzo de 2012

En el limbo 22 mil millones de barriles de petróleo

Tomado de: Contralínea. 20 de marzo de 2012
Autor:

Isla Bermeja, en el limbo 22 mil millones de barriles de petróleo

"La isla Bermeja sí existió, no hay duda de eso": Fabio Barbosa, investigador que participó en tres expediciones. Imagen: Revista Contralínea

Debido a que no se ha encontrado la isla Bermeja que marcaría las fronteras marítimas entre México y Estados Unidos, el país ya no dispondrá de un aproximado de 22 mil millones de barriles de petróleo, ahora en manos de Estados Unidos
Han pasado casi 40 meses desde que terminó el plazo que dio el Senado de la República -mediante un Punto De Acuerdo, firmado el 21 de octubre de 2008-, para que el Ejecutivo federal informara detalladamente en qué situación se encontraba la isla Bermeja, por medio de las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores (SRE) y Marina (Semar).

En el primera parte del Punto de Acuerdo se solicita al Ejecutivo que “explique puntualmente el misterio que se guarda sobre la inmersión sospechosa de la isla Bermeja, que estuvo localizada en el Golfo de México, latitud 22° 33’ Norte y longitud 91° 22’ Oeste, y en la que se localizaron más de 22 mil 500 millones de barriles de hidrocarburo en sus alrededores, por existir sospecha en que funcionarios mexicanos contaban con información privilegiada sobre la riqueza que se encuentra en su fondo marino”.

El plazo que otorgaron los senadores fue de 30 días a partir de la firma del Punto de Acuerdo. A dos años y cuatro meses de que terminó dicho plazo, el Ejecutivo federal no ha dado ninguna respuesta.

El documento firmado por seis senadores panistas -Luis Coppola Joffroy, Humberto Andrade Quezada, Sebastián Calderón Centeno, Juan Bueno Torio, Felipe González González y Jaime Díaz Ochoa- exige a la Semar que inspeccione, de nueva cuenta, la zona en que se ubicó la isla Bermeja.

También recomienda que se utilicen instrumentos de alta tecnología con la finalidad de conocer el estado y grado de deterioro geológico del lugar donde se localizaba la isla, “ya que existen sospechas sobradas que su inmersión fue provocada por la influencia del hombre” (sic).

En su edición de julio de 2005, Contralínea entrevistó al investigador Fabio Barbosa Cano, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); entonces explicaba la importancia de la localización de la isla: “Nos permitiría arrojar la frontera de México más al Norte y conquistar una mayor parte para el interés mexicano frente a Estados Unidos, que quería arrojar su frontera más al Sur con base en las islas Dernier”. Es decir, los yacimientos petroleros más importantes estarían del lado mexicano.

Los responsables

El 9 de junio de 2000, el gobierno mexicano firmó con el de Estados Unidos el Tratado sobre la Delimitación de la Plataforma Continental en la región occidental del Golfo de México, más allá de las 200 millas náuticas. Éste fue aprobado por el Senado el 28 de noviembre de ese año, y hasta el 17 de enero de 2001 entró en vigor.

En su artículo 4, el tratado prevé una moratoria, la cual indica que, debido a que existen posibles yacimientos de petróleo y gas natural en la zona, ambos países no podrán autorizar ni permitir la perforación y explotación de petróleo y gas en un periodo de 10 años, el cual comenzó con la entrada en vigor del tratado y terminó en enero de 2011.

No obstante, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó –en respuesta a la solicitud de información 0000500037011, presentada por el ciudadano David Óscar Velázquez Coria– que “la moratoria sobre la perforación o la explotación petrolera o de gas natural en la plataforma continental dentro de una milla náutica, cuatro décimas (1.4) del límite establecido por ambos Estados, prevista en el artículo VI (1) del Tratado de 2000, se prorrogó hasta el 17 de enero de 2014, sin perjuicio de otra renovación, de conformidad con lo establecido en el artículo IV (3) del Tratado de 2000”.

También conocido como el Tratado Clinton-Zedillo- fue signado por la excanciller de México, Rosario Green Macías, y la exsecrataria de Estado de Estados Unidos, Madeleine K Albright, representantes de México y Estados Unidos, respectivamente.

Pero el negociador principal del Tratado fue Juan Rebolledo Gout, quien fuera secretario particular del expresidente Carlos Salinas de Gortari, y nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte a la llegada de Ernesto Zedillo Ponce de León a la Presidencia; hoy funge como vicepresidente de Relaciones Exteriores de la minera Grupo México, propiedad del empresario Germán Larrea Mota.

Así consta en el acta del Senado para analizar las fronteras marítimas entre México y Estados Unidos, del 15 de noviembre de 2000.

Ese día se reunieron en el piso cinco de la Torre del Caballito, aproximadamente a las 13:00 horas, los senadores Silvia Hernández Enríquez, Óscar Cantón Zetina, Laura Alicia Garza Galindo y Luis Aldana Prieto, del Partido Revolucionario Institucional; Jorge Nordhausen González, Adalberto Madero Quiroga y Luis Rico Samaniego, del Partido Acción Nacional (PAN), con parte del equipo negociador del Tratado.

Además, Rebolledo Gout, “eje y cabeza del equipo negociador por parte del Ejecutivo federal”, como lo mencionó la senadora Hernández Enríquez; el contralmirante Santos Gómez Leyva, jefe de la Sección 111 de la Armada de México; José Antonio Ceballos, director general de Exploración y Producción de Petróleos Mexicanos; el embajador Jorge Palacios; Guadalupe López Chávez, directora general de Geografía del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), y Juventino Martínez, geógrafo del Inegi. A los nueve días de esa reunión, el Senado aprobó el Tratado.

“Quienes tienen la respuesta sobre el caso de la isla Bermeja son Juan Rebolledo Gout, en su carácter de jefe negociador por parte de México, en el Tratado que se firmó en 2000; y quien era en ese entonces el consultor jurídico de la SRE, Miguel Ángel González Félix”, dice a Contralínea Humberto Hernández Haddad, excónsul de México en Texas y experto en el tema.

Miguel Ángel González Félix fue consultor jurídico de la SRE en el sexenio de Zedillo, lo cual le permitió presidir las negociaciones del Tratado Clinton-Zedillo, en 2000. Una vez terminado el sexenio y ya con el PAN en el poder pasó a ser coordinador de Asuntos Internacionales y Agregadurías de la Procuraduría General de la República. Actualmente está casado con Ana María Salazar Slack, quien trabajó en el Pentágono como subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

En el Octavo Foro de la Reforma Energética, realizado el 5 de junio de 2008 y presidido por el exsecretario de Gobernación Francisco Labastida Ochoa-, González Félix señaló que había encontrado la isla Bermeja.

“Respecto a la isla Bermeja […] quiero comentarles que la Semar y el Inegi estuvieron con Global Telecommunications System, donde podría haber estado la isla Bermeja, y en efecto se encontró el promontorio; pero éste se encontró, más o menos, abajo del mar, en esta altura, 40 o 50 metros.”

A pesar de ello, nadie le pidió una explicación sobre cómo llegó a la isla, las coordenadas donde la encontró, el mecanismo técnico que utilizó o evidencias que demostraran el hallazgo.

En dicho foro también expresó que al ya no estar sobre la superficie, la Bermeja no puede ser considerada una isla. Por lo tanto, no podría ser tomada en cuenta para definir las fronteras marítimas de México.

Fue hasta cuatro meses después cuando los senadores que presentaron el Punto de Acuerdo para que compareciera el Ejecutivo federal, a través de sus secretarías de Estado, explicaron “que un fenómeno natural de tal magnitud no puede pasar desapercibido, más aún cuando se han considerado que alrededor de la misma [isla Bermeja] se encuentran vastos recursos petroleros por el orden de 22 mil 500 millones de barriles de crudo” (sic).

También señalaron que “existe un secuestro de una porción insular de nuestro México, secuestro que autoridades de alto nivel en sexenios pasados conocieron y que ocultaron la información de los verdaderos responsables de esa mutilación por voraces malos funcionarios de antaño. Hoy más que nunca necesitamos conocer con puntual exactitud qué sucedió con este hecho tan lamentable, sin rasgarnos las vestiduras”.

Hernández Haddad coincide con los senadores y agrega que Rebolledo Gout y González Félix, además de ser figuras clave en la negociación, “deberán aportar la información técnica precisa sobre qué pasó con la isla Bermeja y las causas de su supuesto hundimiento. En este tema se juega el futuro del petróleo mexicano que alimentará la economía nacional del siglo XXI”.

Expediciones
El 5 de septiembre de 1997 se realizó una expedición por parte de la Semar en busca de la isla Bermeja. El buque oceanográfico Onjuku no la encontró, tal y como lo reportó el contralmirante Néstor Yee Amador, en ese entonces director general de Oceanografía Naval de la Semar.

En 2009, después de las afirmaciones de González Félix se realizaron tres expediciones con estudios que volvieron a confirmar su desaparición. La primera fue a bordo del buque oceanográfico Justo Sierra de la UNAM, el 20 de marzo.

El investigador Fabio Barbosa participó en la expedición, la cual, considera, es la búsqueda más completa que se ha hecho para encontrar la isla Bermeja, ya que el equipo técnico del buque permitió recoger muestras del lecho marino.
En dicha búsqueda se concluyó que en las coordenadas latitud 22° 33’ Norte y longitud 91° 22’ Oeste nunca estuvo la isla; además sólo se encontraron sedimentos de mar profundo, por lo que no “hay vestigios del área estudiada”.

Asimismo, se realizaron mediciones en la profundidad oceánica y solamente se encontró un fondo plano, por lo cual la isla no se encontró hundida.

Finalmente, la explicación -publicada en la edición 124 de la revista Petróleo y Electricidad- es que las coordenadas no son las correctas, o bien, que la isla sufrió un desplazamiento geológico.

Ese mismo año se realizó otra expedición. Del 25 de mayo al 1 de junio el buque hidrográfico Río Tuxpan, de la Semar, exploró la zona donde supuestamente se encontraría la isla; sin embargo, no hubo éxito en su localización.

La expedición, que abordo llevaba a un notario y a un representante de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, recorrió 1 mil 500 kilómetros y no sólo busco la isla en las coordenadas donde supuestamente tenía que estar, sino también se exploró el punto ubicado en la latitud 22° 55’ Norte y longitud 91° 36’ Oeste.

Edwin Corona, jefe de buzos que acompañó la expedición, señaló al Diario de Yucatán que “la expedición no tenía margen de error, ya que el buque está equipado con tres sonares para profundidad, uno de barrido lateral y equipo de geoposicionador satelital”.

También, contradice la versión de González Félix al argumentar que no es posible que pueda haber un lugar a 50 metros de profundidad, si en la zona el promedio de profundidad es de 1 mil 500 metros. “Es obvio que alguien miente”, sentencia.

A los cuatro días de que regresara la expedición del Río Tuxpan, el Kalín Haa (una embarcación pequeña cuya ecosonda tiene un alcance de 120 metros) salía en busca de la isla Bermeja. Rentado por TV Azteca, el Kalín Haa fue abordado por el francés Michel André Antochiw, especialista en historia cartográfica de la península de Yucatán, el propio Fabio Barbosa y la doctora Leticia Campos Aragón, también investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas.

Se recorrieron alrededor de 700 kilómetros y en las coordenadas marcadas se buscó en la profundidad marina la isla. El resultado fue el mismo: no hay rastros de ésta.

Barbosa Cano explica que la investigación en campo de Antochiw sirvió para determinar que la isla Bermeja no es la única desaparecida. “También hay archipiélagos, cayos y bajos que aparecen en los mapas y ya no se encontraron, como la isla Negrillas y el banco Arias; pero no podemos definir la fecha de su desaparición”.

Posteriormente, la Corporación Británica de Radiodifusión y France Télévisions, mediante sus reporteros David Cuen y Sophie Bontemps, respectivamente, realizaron la búsqueda de la Bermeja sin éxito.

Barbosa Cano concluye: “La isla existió, no hay duda de eso, y consta su existencia en los mapas de siglos pasados”. También la doctora Irasema Alcántara, directora del Instituto de Geografía de la UNAM, concluye que “la isla sí existió, pero no coinciden las coordenadas para su localización y si desapareció aún no se ha explicado científicamente este suceso”.


Límites definitivos y permanentes
El 20 de mayo de 2009, la SRE informó mediante un comunicado que se había depositado información sobre los límites marítimos ante el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Hoy se depositaron ante el secretario general de la ONU los mapas e información que describen de modo permanente los límites externos de la plataforma continental del país más allá de las 200 millas marinas […]. Esta área del Golfo de México quedó delimitada por el Tratado de Delimitación, celebrado entre nuestro país y los Estados Unidos de América, en 2000” (sic).

Se argumenta que “la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar impone la obligación de presentar información ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU para que los límites sean definitivos y obligatorios”.

Mientras continúa la moratoria del Tratado Clinton-Zedillo, el 20 de febrero pasado, en Los Cabos San Lucas, Baja California Sur, los gobiernos de México y Estados Unidos firmaron a través de sus representantes, Patricia Espinosa, secretaria de Relaciones Exteriores, y Hillary Clinton, secretaria de Estado, el acuerdo relativo a los yacimientos trasfronterizos de hidrocarburos en el Golfo de México.

Felipe Calderón hizo un llamado al Senado para que apruebe dicho acuerdo y así “seguir impulsando el desarrollo de nuestro querido México”. No obstante, el Acuerdo -que consta de 25 artículos- prevé, entre otras cosas, que exista una autoridad cuya jurisdicción sea binacional para que administre la extracción de hidrocarburos transfronterizos.

Se solicitó a la Secretaría de Marina su posición al respecto, a través de la maestre Patricia Alpízar del Área de Comunicación Social. Al cierre de edición, no se obtuvo respuesta. Asimismo, a la Secretaría de Gobernación, por medio de Dora González (también del Área de Comunicación Social), quien indicó que “al parecer el tema de las islas no lo lleva la Segob. Llevo seis años aquí y no hay funcionarios que me den información respecto al tema”. Al cierre de edición, no se obtuvo respuesta.

domingo, 18 de marzo de 2012

La desnacionalización de Pemex


Entrevista a Alfredo Jaliffe-Rahme


La alianza estratégica


La alianza estratégica
Industriales y Pemex:
¿Juntos en el rescate de la Petroquímica?

Laura Itzel Castillo y David Shields

El gobierno quiso privatizar los complejos petroquímicos. La sociedad rechazó la propuesta. Aún no se resuelve cómo capitalizar ese sector, clave en la sobrevivencia de la industria petrolera del país. Los autores proponen un nuevo esquema: la asociación entre empresas privadas nacionales y el Estado, por medio de un “programa amplio de inversiones” que abarcaría la construcción de plantas nuevas, ventas adelantadas de productos, venta de servicios, contratos a largo plazo. Dicen que no habría que hacer cambios legales ni implicaría la privatización de los activos de la paraestatal. Y sobre todo, no se faltaría al compromiso de respetar la soberanía nacional.
Desde hace una década casi no se realizan inversiones en la petroquímica de Petróleos Mexicanos (Pemex). En consecuencia, el desarrollo de esta industria estratégica nacional se frenó. Para romper el círculo vicioso de falta de inversión y deterioro y abatir el rezago tecnológico y económico que sufren los complejos que la conforman, hace falta un esquema serio y viable que permita nuevas inversiones lo más pronto posible, un mantenimiento adecuado y programas para ampliar su capacidad productiva.
Dado que el gobierno no muestra disposición para invertir en la verdadera modernización de esta industria, la sociedad rechazó la propuesta de privatización al ciento por ciento y el esquema 49-51 ha fracasado, es importante que las autoridades de la Secretaría de Energía y de Petróleos Mexicanos (Pemex) consideren seriamente la propuesta de asociación y restructuración que presentamos.
Para cumplir con esos objetivos, una opción clara y responsable sería establecer asociaciones estratégicas entre Pemex y el sector industrial en un programa amplio de inversiones en petroquímica.
Las asociaciones estratégicas que proponemos no implican ningún tipo de privatización de activos, no requieren cambios legales y, además, ya están previstas en la Ley Orgánica de Pemex.
Son posibles las alianzas y las coinversiones de muchos tipos entre Pemex y la iniciativa privada en todos los complejos de la paraestatal, ya sea por medio de asociaciones en plantas nuevas, ventas adelantadas de productos y servicios, contratos a largo plazo u otros mecanismos.
Esa fórmula de alianzas contempla una cuestión clave: que Pemex promueva, mediante licitación pública, la construcción de dos grandes plantas privadas de polietileno lineal que complementarían los complejos Morelos y la Cangrejera de la paraestatal.
Las nuevas plantas recibirían etileno de los ya existentes, con un mecanismo en el cual la parte privada financiaría su ampliación.
Ello permitiría destrabar la situación actual de descapitalización, quiebra técnica y deterioro de la petroquímica.
La construcción de esas plantas representa grandes oportunidades de inversión para el sector privado y para Pemex, si decidiera realizar inversiones públicas directas y participar como socio minoritario.
Ese compromiso de inversión implica ampliar la capacidad de producción de los complejos de Pemex y vincular Éstos con la operación de las plantas de polietileno lineal propuestas.
También se abrirían oportunidades de inversión para todos los industriales del ramo que estén dispuestos a coinvertir, establecer alianzas y firmar contratos de ventas adelantadas.
Sería necesario que Pemex fomentara en forma activa y muy intensa diversos tipos de asociación con las empresas privadas sin tener que ceder la propiedad de los complejos.
Por ello se requiere que la empresa del Estado brinde amplias garantías de desempeño y suministro a sus socios y clientes, así como precios competitivos de los insumos petroquímicos, de manera que puedan estar por debajo de las cotizaciones de los mismos insumos en el sur de los Estados Unidos.
Ello es una de las preocupaciones de los empresarios que avalan esta propuesta.
El nuevo esquema que planteamos -y que los funcionarios de Energía ya conocen en detalle- es una alternativa viable que incluye e involucra a todos.
Satisface los intereses de grandes empresas nacionales e internacionales, así como de pequeñas y medianas empresas.
Beneficia, además, a los sindicatos petrolero y petroquímico, pues no sólo reduce el riesgo de cierres de empresas, sino que crea la oportunidad de ampliar las posibilidades de trabajo. Queremos subrayar que el esquema que presentamos es una propuesta de trabajo en la que todos pueden participar y ganar.
Este nuevo esquema brinda los elementos para romper el impasse y desarrollar la petroquímica nacional. Ya hay compañías nacionales e internacionales interesadas en construir plantas de polietileno lineal en asociación con Pemex, pero las frena la incertidumbre que prevalece y la falta de un programa atractivo y serio.
Nuestra propuesta exige, por tanto, una actitud muy distinta el gobierno.
Hasta ahora, ni Pemex ni la Secretaría de Energía han querido trabajar ni resolver las cosas. Más bien se empecinan en vender todo o parte de las petroquímicas. En cambio, la propuesta que hacemos implica compromiso, seriedad y esfuerzo.
Cada complejo petroquímico ofrece un gran número de proyectos potenciales. Hay que destrabar inversiones y así crear trabajo.
Es posible que los proyectos otorguen beneficios económicos para Pemex, sus socios y sus clientes.
Así­, lograríamos reactivar una industria clave para el desarrollo nacional.


sábado, 17 de marzo de 2012

Chávez y el petróleo venezolano


DOMINGO 16 DE DICIEMBRE DE 2001


Tercer aniversario de la Revolución BolivarianaLa ofensiva contra Chávez
Tres años después de la apabullante elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela,1 el país está que arde. El Ejecutivo y el empresariado son los principales actores de un conflicto que el pasado 10 de diciembre vivió su momento más crítico, coincidiendo con la celebración de un cierre patronal que, en líneas generales, tuvo un seguimiento bastante alto.  La excusa: la reciente aprobación por decreto  de 49 leyes que, desde la óptica de la oposición, atentan contra el libre mercado.  Lo que  subyace: la impotencia de la vieja burocracia y de parte de las clases medias para articular un proyecto nacional serio, coherente y, sobre todo, alternativo al bolivariano. La falta de un liderazgo que contraponer al carisma de Chávez, por demás, no hace sino incrementar la desesperación de los nostálgicos del antiguo régimen
Juan AGULLO
A lo largo de las últimas semanas, en la prensa nacional e internacional las comparaciones entre la Venezuela de Chávez y el Chile de Allende (1970-1973) se han multiplicado. Hace 30 años, en efecto, la estrategia de acoso y derribo contra el ex presidente chileno también pasó por una actitud algo más que agresiva por parte del empresariado. Cuando el control del aparato del Estado (y, por ende, el de la toma de decisiones) está en juego, las clases dominantes saben muy bien lo que quieren. Prueba extrema de ello es la sangrienta intervención militar (liderada por Pinochet) que puso fin a la experiencia de la Unidad Popular en Chile. En el caso actual de Venezuela, sin embargo, los amigos de las comparaciones superficiales suelen olvidar que el propio Chávez es militar de carrera y, por demás, de alto rango.
A decir de no pocos observadores locales, en efecto, parece bastante improbable que los colegas del actual presidente traten de promover -al menos a corto plazo- la restauración de un orden liberal-representativo que, si terminó saltando por los aires hace tres años, fue precisamente debido al grado de incompetencia política, de corrupción moral y de polarización socioeconómica que propició o, al menos, toleró. Chávez, de hecho, constituye un producto típico de la desesperación popular, pero también de la apuesta decidida por un ejercicio redefinido de la democracia como forma de gobierno. Sus niveles de popularidad, no por casualidad -pese a la ofensiva mediática generalizada a la que ha venido siendo sometido desde el comienzo de su mandato- siguen estando entre los más elevados del mundo2 (rondarían el 50%, según la agencia de sondeos Consultores 21).
Arde la calle
*castro-chavez-venezuelaDesde la reseñada perspectiva, los enfrentamientos callejeros que se han sucedido a lo largo de las últimas semanas -sobre todo en Caracas- no han de ser vistos como la consecuencia de una manipulación ejercida desde arriba, sino del notable apoyo popular con el que el presidente venezolano sigue contando en su país. También, obviamente, como el efecto más inmediato de una polarización sociopolítica que, lejos de disminuir, tiende a incrementarse de forma cada vez más aguda. Esto es algo que se encuentra tremendamente ligado a un pesado legado: Venezuela es un país en el que la pobreza -pese a la renta petrolera- ronda la en absoluto desdeñable cifra de 64%3 (porcentaje del cual, por cierto, los bolivarianos extraen la mayor parte de sus apoyos).
En un contexto como el que se viene describiendo, la prensa dista mucho de ser ajena a una crispación del clima sociopolítico que resulta innegable en las últimas fechas. Desde la llegada de Chávez al poder, de hecho, no ha habido un solo día en el que -tanto dentro como fuera del país- no haya sido atacado eso que -por paradójico que pueda parecer- fue calificado por el ex presidente estadunidense James Carter (1976-1980) de auténtica revolución democrática. Al respecto, mucho se ha hablado de la excesiva locuacidad ?por no decir virulencia verbal? con la que Chávez suele dirigirse a sus enemigos políticos pero, al mismo tiempo, no es poco lo que se ha callado en torno de las sutiles maneras con las que suele conducirse esa prensa que, en la Venezuela actual, constituye un fiel reflejo de intereses, valores e incluso estereotipos furibundamente opositores.
Incluso periódicos extranjeros de reputado prestigio se han visto arrastrados por la avalancha. Los elogios son cada vez más escasos, y mientras tanto las críticas se recrudecen. Es lo que hace ya un par de años se encargó de recordarle al director deThe New York Times Michael Nylin (presidente de la sección venezolana de la General Motors): "[...]También me gustaría hablar en torno al tono general de su editorial el cual, como estadunidense que vive fuera de su país, encuentro que, desafortunadamente, es minimizante y, francamente, poco americano. Desde mi posición pienso que el señor Chávez tiene delante de sí una tarea de proporciones monumentales, la cual no será capaz de cumplir aun si la Asamblea Nacional Constituyente lo nombrara monarca durante el resto de su vida. Si la única cosa que el señor Chávez tuviera en su agenda fuera la de construir un nuevo país, esta sería tarea suficiente para dos vidas consecutivas, pero el señor Chávez tiene una tarea más ardua que esta. Debe poner orden en las instituciones, procesos y libertades para cambiar la actitud de la gente" [...].
En todo caso, puntualizaciones aparte y si de violencia se trata, no todo puede colgarse en el debe de terceros. De hecho -también según las encuestas-, si hay un rubro en el que los venezolanos reprueban la gestión de Chávez es en el combate a la inseguridad ciudadana (93%, siempre según Consultores 21). A tres años de su llegada al poder, no en vano, el índice de delitos continúa siendo especialmente elevado, y eso es algo que le resta apoyos al gobierno entre el sector social que se ve más afectado por la misma: las clases medias. Como sea, lo que tampoco se puede olvidar es que se trata -una vez más- de una herencia envenenada producto del progresivo pero imparable proceso de empobrecimiento que -desde hace una veintena de años- viene padeciendo una sociedad venezolana que -durante las décadas de los sesenta y de los setenta- llegó a disfrutar de unos niveles de bienestar y de desarrollo dignos de otras latitudes.
Las pretensiones gubernamentales
A fecha de hoy -tal y como se encargaba de recordar Nylin en su misiva- el trabajo que hay por delante resulta muy grande.Chávez -cuya personalidad no se encuentra ni mucho menos exenta de inclinaciones populistas- podía haber optado por una política trufada de golpes de efecto destinada a mantener intactas sus altas cuotas de popularidad (que en algún momento llegaron a frisar el 80%). Su apuesta, por el contrario, se orientó -desde el principio- a una transformación estructural y, sobre todo, interdisciplinaria, del país. El largo plazo, como consecuencia de ello, se ha convertido en una necesidad perentoria si lo que realmente se quiere es ver resultados.
Los pilares sobre los que se asienta la Revolución Bolivariana son fundamentalmente tres. Por una parte un ordenamiento institucional sin par en el mundo -eso que en Venezuela se conoce con el nombre genérico de V República-, cuyo hecho diferencial radica en la existencia de un poder llamado ciudadano,4 y de otro electoral que, constitucionalmente, se equiparan a los tradicionales Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Por otro lado la promoción de una política petrolera orientada a mantener los precios del crudo por encima de los 22 dólares por barril: algo que, aunque parezca increíble, resultaba inédito desde principios de los ochenta. Por último, la articulación de una estabilidad macroeconómica que, en menos de dos años, ha logrado algo que los gobiernos anteriores no habían conseguido en 30: controlar la inflación5 y, de paso, recibir la consiguiente felicitación por parte del Fondo Monetario Internacional.
Como sea, más allá de las intenciones iniciales están los hechos: tras la abrumadora aprobación de la nueva Constitución -en 1999, con 71.21% de los votos-, Chávez le pidió al nuevo Congreso (unicameral) poderes especiales -la famosa Ley Habilitante-, con vistas a tomar toda una serie de medidas -consideradas urgentes- por decreto. Los anunciados abusos gubernamentales, pese a ser esperados con fruición por prensa y oposición, han resultado prácticamente inexistentes. De hecho, más allá de una serie de casos de corrupción más o menos aislados,6 el presidente venezolano se ha dedicado a legislar sobre cuestiones (como el salario mínimo, los sueldos de los empleados públicos, el débito bancario, la creación de microcréditos o la reforma agraria) que, hasta ahora, dormían el sueño de los justos. Por si todo esto fuera poco, el esfuerzo realizado por el gobierno en los ámbitos educativo (cuyo presupuesto se ha equiparado a lo exigido por la UNESCO), sanitario, fiscal e infraestructural (ya sea en forma de viviendas, ya de construcción de carreteras, de represas o de plantas de producción de gas) ha resultado enorme.
Hasta ahora nadie se había atrevido a discutirle abiertamente a Chávez el esfuerzo modernizador en el que se encuentra embarcado su gobierno. Sin embargo, el vencimiento de plazo de la Ley Habilitante ha marcado un antes y un después: el hecho de que el gobierno aprobara nada menos que 49 decretos de un plumazo no ha tardado en ser presentado -una vez más dentro y fuera del país- como una prueba irrefutable del autoritarismo bananero de Chávez que, por demás, en esta ocasión estaría atentando contra la sacrosanta propiedad privada y estaría en vías de hacerlo --a corto plazo- contra la mismísima libertad de expresión. Los denunciantes, sin embargo, por lo general apenas han solido tomarse la molestia de concretar la fuente real de tanto temor e indignación.
La rémora corporativa
*venezuela-paro-chavezUn simple vistazo a los decretos aprobados, de hecho, no hace sino multiplicar las interrogantes, pero no en dirección del gobierno sino en la de una oposición a cuya cabeza se han colocado medios de comunicación y empresarios. A priori, de hecho, parece bastante sensata la pretensión de reducir la talla de las administraciones públicas; de ejercer controles más estrictos por cuanto al cobro de las pensiones se refiere; de fiscalizar el uso de las subvenciones públicas por parte de las empresas privadas; de pretender que la banca -y no el Estado- sea la que asuma su propia deuda acumulada; de racionalizar y de convertir en progresiva la política fiscal; de crear un Fondo Unico Social orientado -entre otras cosas- a mejorar la nutrición infantil, así como a promover la creación de cooperativas y microempresas; a facilitar el acceso al crédito en condiciones justas; a reformar los decretos preexistentes sobre concesión de obras públicas; a reivindicar el carácter nacional de las reservas gasísticas; a que sea el Ejecutivo quien fije las tarifas eléctricas, o a que las escasas comunidades indígenas existentes en el país recuperen el control sobre sus propias tierras, aguas y subsuelos.
En realidad, como se podrá constatar, se trata de facultades que los gobiernos eurooccidentales y norteamericanos se vienen arrogando desde hace mucho tiempo sin que ello haya dado pie al escándalo, y mucho menos a acusaciones tan graves como las que se le vienen haciendo al Ejecutivo venezolano actual, desde su toma de posesión en general y desde hace unas semanas en particular. De hecho, que Chávez se codee o se haya codeado con personajes -en principio- tan poco recomendables como Fidel Castro, Saddam Hussein, Muamar Kadafi o Kim Jong Il no quiere decir que no respete esos mismos procedimientos democráticos que, en su día, lo llevaron hasta el Palacio de Miraflores.7 En este sentido nos parece oportuno recordar que en un país como Estados Unidos resulta tan habitual que se gobierne por decreto como que sus ciudadanos se vean impelidos a escuchar un mensaje semanal del presidente de turno.
Sea como fuere, lo que ocurre en Venezuela es que la red de intereses corporativos tejidos al calor del antiguo régimen y de una renta petrolera administrada de forma irresponsable y cleptocrática condujeron al país a algo más que a una indignante polarización de la riqueza o a una preocupante desestabilización macroeconómica: en realidad sentaron las bases de una polarización sociopolítica, que no sólo enfrenta a ricos contra pobres, sino a aquellos que -en mayor o menor medida- le sacaron y le siguen sacando partida a los residuos del antiguo régimen (empresarios nacionales y multinacionales, funcionarios públicos y privados, dirigentes sindicales, etcétera), contra aquellos otros que -como bien intuyó Chávez durante su primera campaña electoral- no tienen nada que perder.
Como consecuencia de ello la cuestión que se plantea va más allá de que el Estado retome un papel rector en la definición del desarrollo: básicamente se trata de que la administración defienda los intereses nacionales por encima de los corporativos. Ello, como es obvio, equivale a tratar de transformar el carácter -hasta ahora- dependiente de Venezuela, insertando de esa manera al país en la lógica globalizadora en términos infinitamente más favorables a los que, hasta hace tres años, parecían avizorarse. La experiencia bolivariana constituye, por consiguiente, una rebelión en toda regla contra un destino impuesto. Tanto atrevimiento -añadido al peligro de que el ejemplo cunda en el ámbito geográfico más cercano- explica que la indignación empresarial en relación con Chávez encuentre partidarios tanto dentro como fuera de Venezuela.*
Notas
1 En las presidenciales de 1998, Chávez obtuvo 56.20% de los votos emitidos. Dicho porcentaje aumentó hasta 59% en las elecciones de 2000 (ya bajo la nueva Constitución).
2 Actualmente, por ejemplo, la de Vicente Fox es de 36%.
3 Datos oficiales (2000) de la Oficina Central de Censos e Informática de Venezuela.
4 El llamado poder ciudadano se gestiona a partir de un Consejo Moral Republicano (CMR), encargado de coordinar las actuaciones de la Procuraduría General de Justicia, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal de Cuentas. Se trata, por ende, de un poder de control.
5 La inflación en Venezuela es, actualmente, de 7.5%. En 1998 ?año de la llegada de Chávez al poder? era de 29.9% (fuente: ILDIS).
6 Corrupción que en ningún caso resulta comparable al equivalente a cinco planes Marshall que se esfumó del país en la treintena de años que precedieron a la Revolución Bolivariana.
7 Sede de la presidencia de la República Venezolana.


Publicado en: Suplemento Masiosare, La jornada